20 de octubre de 2026
Jimena Robles:
Te escribo desde este lado de la distancia, sin saber bien cómo empezar. Las conversaciones por mensaje se han vuelto rápidas y a veces siento que lo importante se queda en el tintero.
Desde que te fuiste a Madrid, nuestros horarios dejaron de coincidir. Antes nos escribíamos a cualquier hora; ahora calculo la diferencia de siete horas antes de mandarte un mensaje y a veces termino guardándolo.
Hay algo que no ha cambiado:
La vez que nos quedamos varadas en la terminal de autobuses y convertimos la espera en una tarde entera de conversación. Compramos papas y refrescos y hablamos de todo lo que nos daba miedo decir en ese momento.
También quiero decirte qué me gustaría conservar:
Quiero conservar la costumbre de contarnos lo pequeño, no solo lo importante. Los pleitos del trabajo, la serie que estamos viendo, las cosas que nos dan risa sin explicación.
Y para que no todo quede en buenas intenciones, te propongo algo:
Si logras venir en diciembre, quiero reservar un día completo, sin compromisos, para caminar y comer algo que no hayas probado. Si no, propongo una videollamada larga un domingo, con café y sin prisa.
No te escribo para reclamarte tiempo ni para pedirte que estés pendiente de mí. Sé que la vida de cada quien tiene su propio ruido. Solo quería que supieras que sigo aquí y que nuestra amistad sigue importándome.
Con cariño,
Valeria Cruz